Mitos del Rock: Sala Canciller

El recuerdo de la Sala Canciller todavía sigue muy presente para los rockeros que vivieron su juventud en los años 80. Por su escenario desfilaron los grupos más señalados del heavy de aquel entonces, desde Barón Rojo hasta Obús, e incluso míticas formaciones internacionales como Iron Maiden. Pero al margen de los muchos y buenos grupos que en el “Canci” actuaron, lo que permanece más vivo en la memoria de los habituales de la sala era esa especie de liturgia que acompañaba el hecho en sí de acudir a la Canciller.

Y es que esta Sala es el nexo común que unió la vida de cientos y cientos de jóvenes que todavía hoy reviven con añoranza esa rutina de cada Domingo. Llegar en metro “El Carmen”, reunirte con los colegas, compartir unos litros y unos petas y entrar a la Canciller a disfrutar de la mejor música del momento era lo que te servía de gasolina para aguantar toda la semana.

 

En sus pantallas gigantes se proyectaban videoclips de los grupos más cañeros del momento, y un montón de melenudos ya bastante perjudicados por la ingesta de alcohol y otras sustancias disfrutaban con toda intensidad del metal.

Muchas parejas se conocieron en la Canciller, e incluso hoy hablan a sus hijos con añoranza de aquella época. La cantidad de momentos especiales que se vivieron en esta sala es tal que se ha creado una especie de aura a su alrededor. Un halo de lugar legendario que contrasta con su realidad actual, un abandono total y absoluto.

La Sala Canciller cerró a principios de los 90 por una cuestión de incumplimiento de normativas de seguridad. Es dificil saber si las quejas de los vecinos tuvieron algo que ver, porque, aunque era bien sabido que a quienes vivían cerca de la Canciller no les hacía demasiada gracia la presencia de aquella tropa con pelos largos, la realidad es que nunca ocurrió el más mínimo problema en los conciertos que allí tuvieron lugar.

 

Con la pátina que otorga el tiempo, la leyenda de la Sala Canciller ha ido creciendo y creciendo hasta convertirse casi en un lugar de culto. El recuerdo de los personajes que se asociaban a aquel local, desde los empleados hasta el malogrado Mariano García, responsable de la programación de la sala, ha creado un universo mágico que, desgraciadamente, sólo existe en el recuerdo de los habituales de la época. Un lugar donde la Canci, siempre permanecerá abierta.

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